14.2.11


Una ventana pequeña, muy pequeña
alta como edificios que no alcanzas
así la recuerdo
un marco de madera y pintura blanca en retirada la rodea
tiene un cristal gris que difumina la luz como el corazón el pasado
y una cadena oxidada bailando al aire que entra
o al aire que se va
es sólo un diminuto respiradero cuadrado
boca y dientes de un mundo al otro lado
con careta de ladrillo y nidos de barro

por allí llegan las demandas de los pájaros en sus trincheras
y de los vecinos quizá también atrincherados
sin distinguirlas demasiado
quién entendiera sus proclamas
lanzadas a mi oído atento al instinto recién levantado

el felino sabe hacerlo desde que nace
el cuerpo quieto, los ojos como platos
los talones elevados
hacia la ventana pequeña y alta
al final del cuarto de baño con las luces apagadas
en el arcón acartonado de la infancia

salir sin hacer ruido al amanecer del día
duermen los que te cuidan
y tu te cuidas de sus puertas cuidadosamente mal cerradas
un explorador hacia su región inexplorada
conquistando silencios, tapetes y maderas
hay habitaciones disfrazadas con flores
que no son flores
son papeles habitando las paredes
de colores atardecer, marrones caducos y violetas
guardan tras de sí vergüenzas y desconchones
sobre las camas se agotan colchas traveculadas
con celdas rojas para ácaros
y fronteras blancas para no pasarse de la raya
feas mantas con sabor a puré de guisantes
y los azulejos cáscara de naranja
defendiendo el suelo de la terraza
guerreros de mil batallas
plagados de cicatrices orgullosas en la cara

y protegiendo el horizonte los hierros negro se acabó
abrazados a la malla color verde hasta aquí
y hacia atrás, hacia los latidos de la casa
una quesera francesa de después de aquella guerra
que no guardaba queso
pero que guardaba con celo otras vidas y otras almas
y la mesa camilla discutiendo
con el mueble que quería ser cama
a ver quién de los dos era esencia de los que se quedaban
y quién era propio de los que se marchaban
y el gran ventanal que tampoco tuvo nunca clara su pertenencia
si allí estaba para separarnos de aquello que se busca de dentro afuera
o el protector de lo ajeno que no nos busca y que nos llama.

Debajo de la pintura blanca
que se cae porque ya no nos aguanta
siempre hay algo más oscuro
y debajo de una ventana
pequeña y alta
siempre hay recuerdos
bombeando frenéticamente a la cabeza
torrentes de aguas pasadas
como arterias que se cabrean en la noche
y te golpean incansables contra la almohada.


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4 comentarios:

JOAKO dijo...

Como dijo Rilke, la única patria del hombre es la infancia...

Irreverens dijo...

Qué placer volver a leerte, Alf.
:)
Como siempre, luego volveré a releerlo y a exprimirlo más y mejor.

Besotes

Wen dijo...

Seguro que hablo en nombre de todos cuando digo, muchas gracias

alfman dijo...

No, gracias a vosotros, Irre, Wen Joako, no deja de sorprenderme que aunque me prodigue menos que el cometa Halley siempre que me da por compartir alguna cosilla por estos medios, estáis ahí para alegrarme el corazón con vuestros comentarios, un abrazo muy gordo para los tres...